ANATOMÍA DE UNA ETIQUETA DE VINO

 ¿Qué vino es el adecuado? ¿Cuál elijo? ¿Cómo decido con la botella en la mano?

Estas preguntas tan sencillas, pero a la vez tan trascendentes, se las plantea el consumidor de vino, cada vez que se sienta a la mesa o planifica hacerlo. En este caso, como siempre que se cuestiona un asunto, la respuesta sólo se resuelve con información. Y la información, cuando hablamos de vino, está en la etiqueta.

Origen de las etiquetas de vino

En realidad, el mundo de la etiqueta de vino tiene un sinfín de aristas. Las primeras etiquetas de vino que podemos considerar como tal, datan del siglo XVII. Con papel artesanal y escritura a mano, se anotaba alguna referencia al contenido. No obstante, hay estudios que dicen que los egipcios ya utilizaban algo parecido a una etiqueta, en la que anotaban la vendimia, zona de cultivo, etc.  

Hasta llegar a la configuración de una etiqueta del siglo XXI hay que recorrer muchos caminos: colores, materiales, legislación, acabados, tamaños…

La marca: nombre y aplicación gráfica

Empezamos con que la etiqueta ha de reflejar con claridad el propio nombre del vino. Un nombre, la marca, ha de ser fácil de recordar y capaz de distinguirse de la competencia para obtener notoriedad. 

Para que el nombre elegido se convierta en marca, ha de pasar por las manos de un diseñador gráfico. Ese profesional elige la tipografía adecuada, aplica el color ideal en función de criterios estéticos y conceptuales, acompaña con sombras y volúmenes la disposición de la letra y lo complementa con los artificios necesarios para convertirlo en logotipo.

Etiqueta: exigencias legales

Teniendo el nombre y su correspondiente aplicación gráfica, ahora toca plasmarlo en el soporte que lo adhiera a la botella. Un adhesivo, con un incontable número de condicionantes legales de importancia capital. Y no es esto un reproche. Todo lo contrario. Todas las garantías necesarias para defender los derechos del consumidor, del envasador, del productor y de cuantos intervienen en la liturgia desde que se elabora el vino hasta que el consumidor final lo degusta, son fundamentales. 

Cada país tiene su legislación y sería imposible plasmar en este artículo los pormenores de cada una de las exigencias legales de cada nación. Incluso hay variaciones en función de las propias exigencias de cada DO. Nos limitaremos a trazar en grandes líneas las exigencias generales de la legislación española, para dar, si es que aún lo necesita, un poco de justificación a la importancia de la etiqueta.  

Los datos obligatorios según la legislación española en una etiqueta de vino son:

  1. Nombre.
  2. Origen: La procedencia del contenido y en su caso, de tenerla, la DO. 
  3. Año de la cosecha.
  4. Variedad: Variedad o variedades de uva utilizados en la elaboración.
  5. El grado alcohólico volumétrico adquirido.
  6. El volumen nominal en litros, centilitros o mililitros. 

Cuestión aparte, pero no menor, es otro tipo de información que requerirá el producto y que figuran normalmente en la Contra etiqueta. La mayoría de botellas utilizan ese segundo soporte para completar la información requerida, aunque en ocasiones, el carácter envolvente de la misma, admiten toda la información en un solo soporte.  

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